ESA POBRE GENTE…

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Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

            «La situación de América Latina no puede ser más trágica. Es muy difícil ser optimista frente a una América Latina que está paralizada por las nuevas dictaduras o a punto de hundirse nuevamente en un período de violentas acciones, que es lo que puede ocurrir en Centroamérica, o en Colombia en estas elecciones o el día de mañana en Brasil», sostuvo Mario Vargas Llosa.El premio nobel destacó a Uruguay como un último ejemplo a imitar en América, pero, quizás no ha tenido oportunidad de conocer que el populismo también nos ha ganado, y que hay quienes, por acción o por omisión, alientan hundirnos en esa ciénaga.

            La mayoría de nuestros gobernantes, y toda la oposición, recalcitrantemente nostálgica de poder, apuntan a resolver los problemas de “esa pobre gente” con marxismo (algunos de buenos modales). Un ejemplo, la futura negociación por aumentar partidas presupuestalestomó a la coalición por sorpresa, cuando la asesora del Ministerio de Economía Marcela Bensión aseguró:“no hay margen para más gasto; lo que había para repartir se repartió”. Álvaro Perrone, de Cabildo Abierto señaló: “no es que la noticia nos genere malestar, pero casi”. El blanco Jorge Gandini, reclamó, antes debería existir una instancia de negociación entre el Parlamento y el Ejecutivo, y con la propia bancada del Partido Nacional.El Partido Independiente pedirá recursos para la “reforma del Estado”, la reforma educativa y el desarrollo de la ciencia. El sector Ciudadanos del Partido Colorado, afirmó la idea de que la negociación de este año tiene que ser distinta a las de 2021 y 2020. Conrado Rodríguez de “Batllistas”, se conforma con “algún margen”. Calculen lo que está preparando la oposición cuyo leitmotiv es reclamar ampliar el gasto público para “esa pobre gente”. Todos, a costa de quienes aúnno llegan a integrar esa depauperada categoría social. Los defectos institucionales, y el error reiterado del político de creer que sabe más que “esa pobre gente” del desafío de ganarse el pan con el sudor de su frente, producen la ficción de considerar que siempre hay recursos para nuevos gastos sacarlos de pobres. El ajuste fiscal fue lento e insuficiente, la inversión aumentó solo a cuentagotas, seamplió la cuota política para llenar de tropa propia a la administración pública, y la justicia sigue demorando lasinvestigacionessobrelacorrupciónde gestiones anteriores, dando impunidad a quienes mal gastaron.El sistema electoral permite la atomización de partidos,y los frentismos acumulan micro dirigentes que engañan al votante con propuestas mágicas; la influencia departamental fragmenta e impulsa el caudillismo autóctono,que depende para subsistir electoralmentede más impuestos o más endeudamiento, porque tiene una lógica clientelar.La organización política desvirtuada en maquinaria electoral, trasmuta el control parlamentario del gasto como contrapeso del Poder Ejecutivo. Esto empeora cuando se gobierna con mayoría absoluta. ElParlamento se convierte en una mera escribanía del Poder Ejecutivo, que pasa a ostentar un poder excesivo, sin atenuantes, que endeudó al país en los gobiernos de Vázquez, Mujica, Vázquez. Cuando el presidente restringe recursos,se hace muy difícil garantizarlagobernabilidad. La minoría, convertida en oposición,tiene impunidad ética para exigir aumentar el gasto, ávida de recuperar el poder. Cuenta además, con el brazo violento del sindicalismo para generar daño paralizando la economía. En contextos de alta restricción presupuestaria, lastre que heredó este gobierno, los ajustes fiscales se vuelven arduos e ineficientes.Buena parte del despilfarro fiscal electoral se ocupa en quienes dicen  representar a “esa pobre gente”. Recursos públicos que llegan apenas a sus justificantes destinatarios, cargan en su contra con inflación y desempleo. El caso del MIDES es paradigmático. El duoArismendi-Olivera organizó un sistema político de corte comunista: mientras hacía ricos a los burócratas, y prohijaba nepotismo explícito con el yerno, tenía desinterés impostado por “esa pobre gente”. Mercadería vencida, aparataje para minusválidos archivado,corrupcióntardíamente denunciada a la Justicia, ONGs “compañeras”que acumularon dinero público sin justificación ni medida. El ajuste sobre “esa pobre gente” rezuma generosidad socialista; se terminadando,como inventó Astori,impuestos sobre salarios y jubilaciones. Precios públicos encubrieron las pérdidas de ANCAP, UTE, ANTEL.Corrupción burocrática encubiertacon alevosía, encriptada en asistencia a  “esa pobre gente”. Otro caso, las Intendencias de Montevideo y Canelones gestionadas por frentistas por decenas de años, acumulan un endeudamiento exponencial que soportan los que aún pagan impuestos (Andrade se autoexoneró). Cosse intentó hacerlo crecer en 70 millones con el BID, y Orsi lo consiguió operando un voto. El despilfarro adicional al entierro de fondos públicos de cada intendentelo paga “esa pobre gente”, o sus descendientes.

Además de esos agujeros negros de la plata que extraen compulsivamente de “esa pobre gente”, el mensaje político es a no invertir, con lo que “esa pobre gente” sigue estancada sin conseguir un mínimo ascenso social. Esta “sensibilidad” electoralcon plata ajena es innecesaria.Basta recordar cómo lo hicieron nuestros abuelos inmigrantes, poniendo el hombro para sacar adelante “esa pobre gente”.Incansables trabajadores, nunca pidieron asistencia del gobierno por ser expatriados; la solidaridad la recibieron de otra de “esa pobre gente”, sin reclamar salario o voto alguno. Nuestros abuelos la devolvieron formando una sociedad ejemplar; familias cuyos hijos ascendieron sobre un gasto imprescindible: una educación pública de calidad. Pero, la educación pública dejó de ser inversión social en los 15 años anteriores, donde aumentó el gasto hasta el 6% del PBI; el resultado fue oprobioso en lo educativo, además de violar la laicidad, con la incorporación de ideologías violentas, disgregadoras deaquella sociedad laboriosa. Trabajo de zapa que algunos sindicalistas realizaron cobrando el sueldo sin dar clases. Otros, políticamente cómplices, los encubren. Son los que quieren que “esa pobre gente” además sea analfabeta, desempleada y dependiente de la dádiva de una casta gobernante.

Paracubrir el mal gasto público, es ineludiblebajar salarios y jubilaciones en términos reales con inflación. El ajustepor la pérdida de poder adquisitivo se hacemucho después del aumento de precios.Eseproceso licúa también los activos en pesos, por lo que, los que pueden ahorran en dólares, y si pueden, en
el exterior.Estoexplicaladiminutadimensióndelsistemafinanciero local, que impide el desarrollo de una clase mediasólida que pueda acceder a crédito sustentable para adquirir vivienda; expolia a “esa pobre gente” con préstamos al consumo de subsistencia, cargándoleintereses por posibles incumplimientos.

Con nuestro ineficaz gasto público enfocado al resultado electoral, tenemos la mayor volatilidad de políticas públicas, los tiempos más prolongados en concretarlas y el costo de ineficiencia más alto. Dada que la relación de políticos con sus votantes y el crecimiento exponencial de funcionarios públicos por razones clientelares, no hayinterés en la eficiencia, en apoyar la competencia de organismos monopólicos, que lastran a “esa pobre gente” con ese costo adicional. Tambiénproliferan las reglamentaciones y multas para justificar tanto dispendio político en lo nacional, lo departamental y en lo municipal. Otro aditivo a impulsar a “esa pobre gente” a trabajar en negro.Informalidad de “esa pobre gente” que la expone al desamparo en situaciones de emergencia de salud o laboral.

Adicionalmente se castiga al emprendedor con la imprevisibilidad desus previsiones económicas por variantes de necesidad financiera del gobierno. Esto explica nuestra baja tasa deinversión: en un marco de alta incertidumbre, el sectorprivado tiende a elegir destinos menos riesgosos. Lo cual sumado a las exigencias conintencionalidad extorsiva de sectores sindicalistas, hacen que “esa pobre gente” carezca de oportunidades de empleo de calidad y aspire políticamente a un castrador empleo público.

Los equilibrios políticos también influyen en el ritmo de investigaciones judiciales sensibles. Dado que los jueces tienen inseguridadsobre su ascenso, dependiente de la conformación política de turno, la justicia se comporta de manera estratégica. Importantes integrantes de gobiernos anteriores con pesadas denuncias,están largo tiempo sin ser formalizados; en cambio avanzan vertiginosamente, procesos viciados a las víctimas propiciatorias que combatieronal terrorismo, por exigencia gubernamental.

Se buscan soluciones putativas a “esa pobre gente”. Generaciones que viven de la basura, en asentamientos que están por cumplir la edad provecta, cuyo crecimiento exponencial es producto de todas las acciones gubernativas antes descriptas. Cosse, luego de 32 años de intendencias frentistas propone la clasificación moderna de residuos conelegantes zonas de requechaje. El MIDES que se ha convertido en el buque insignia de una candidatura presidencial, vino desde el frentismo para quedarse, creciendo en burocracia pública gracias a que existe “esa pobre gente”. El dinero para asistirlos, que aporta en realidad “esa pobre gente”, renovará la postergación de oportunidades de salir de la marginalidad por sus propios medios. Es otra velita al socialismo, plata que sopló Mujica, aplicando su anarquía socialista, impenetrable a las lecciones trágicas, luego de que cayera el Muro, oprobio para la humanidad. El socia-comunismo nunca dio resultado para cambiar la situación de “esa pobre gente”.Los únicos que mejoran en fortuna son “esa gente totalitaria”; mafiosos millonarios, sus familiares, narco dictadores eternizados en el poder,fundiendopaísesricos.

Como mala copia de aquellos lobos con piel de cordero, que los comunistas toman como ejemplo de democracia diferente. Seacumulancapas geológicas de “burocracias paralelas”, quecada gobierno designa para funcionar frente a una maquinaria del Estado que no le responde.La falta de intención política de explicar a “esa pobre gente” claramente los caminos del cambio, traerá nuevosfracasos, frustración, caminos que nos llevaron a esta larga decadencia. Se gastaron U$S 184 millones para emparchar por un par de meses bajando el IVA por la pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Se planifica gastar otros 284 para un plan de erradicación de asentamientos. ¿Saben los “benefactores” que piden más, que los 184 los pagó “esa pobre gente” porque no se hicieron los ajustes al gasto público con la celeridad debida para que la inflación autóctona no se sumara a la importada?Los otros 284 los pagará también “esa pobre gente” a la que no se le bajará el IRPF a los salarios ni el IASS a las jubilaciones.

Mientras los gobernantes conviertan la creación de empresas en algo infernal y la mentalidad de usar el gasto público como donación no cambie, el problema de “esa pobre gente” no se solucionará. Todas estas cargas públicas y reglamentaciones laborales frenan la actividad económica y provocan que el capital huya de estos lugares y siembra más de “esa pobre gente” desempleada. Tímidos pasos en la buena dirección, no son suficientes. La deriva intervencionista que se está viviendo actualmente, con la situación financiera nacional y mundial es otra excusa para menoscabar aún más la inversión y el trabajo. Es imperioso promover un proceso de liberalización, de reformas estructurales, laborales y reducción del gasto público. La doble moral de los gobiernos, de castigar indirectamente con el gasto improductivo a quien emprende, mientras van anunciando «ayudar» con plata siempre insuficiente a“esa pobre gente” enseñándole a vivir del político, se construye un círculo vicioso quedesgasta la credibilidad en el gobierno y en la democracia.

            Señores gobernantes, si de verdad quieren ayudar a “esa ´pobre gente” para salir de esta eterna crisis, ¡simplemente ajusten el gasto y dejen de poner trabas a que tengan trabajo!

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