Sobre el sentido de educar

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Por Pablo Romero García

Publicado por Ediciones B, perteneciente al grupo editorial Penguin Random House, mi libro Sobre el sentido de educar llega precedido de la obtención del primer premio del Certamen de Ensayos “Educación: la construcción permanente del futuro. Continuidades y desafíos de la enseñanza en Uruguay” (GLMU, 2020). Acompañado de auspiciosas reseñas críticas, tanto en Uruguay como en países de la región, el libro va encontrando sus lectores y generando espacios de debate, de intercambio de ideas, convocando a docentes, estudiantes de formación docente e interesados en el campo educativo y cultural. Y esto último, la construcción de diálogos, la posibilidad de pensar junto a otros en relación a aquellas áreas que son determinantes a la hora de la mejor construcción posible del futuro de nuestras sociedades, es lo que genera la mayor satisfacción personal.

Compartir el resultado de nuestro pensar es una actividad apasionante. En términos más amplios, lo es la aventura del pensamiento, una de las tareas más nobles en las que podemos embarcarnos los seres humanos durante nuestra existencia. Para que esa apuesta por el pensamiento logre su peldaño más importante, que es el de ser compartido con otros y generar el intercambio que finalmente nos enriquece a todos, se necesita de diversos espacios que lo vehiculicen. En tal sentido, agradezco la oportunidad que me brinda el Semanario Contexto, ya sintiéndome parte de un proyecto periodístico cuya apuesta por contenidos de alto valor intelectual, desde una perspectiva independiente y plural, significa un bienvenido bálsamo cultural.

Los invito, desde estas líneas y este espacio, a la lectura de Sobre el sentido de educar, compartiendo su Introducción, con la esperanza de que finalmente se encuentren con sus páginas y se establezca esa primera vital comunión entre autor y lector.

Introducción

Estimado lector, este libro que usted tiene en sus manos representa para mí una doble satisfacción: por un lado, la posibilidad de ver publicado mi trabajo intelectual en este preciado –y para mí, sagrado– formato de papel y, por otro lado, el hecho de que esta posibilidad haya surgido a partir de haber resultado ser el texto ganador de un prestigioso certamen de ensayos, que tuvo como Jurado a destacados colegas docentes.

Sobre el sentido de educar recoge dos ensayos breves (ambos en la sección referida a Formación docente y que son los que fueron escritos hace ya más tiempo, representando la columna inicial y vertebral de mi pensamiento educativo), una selección de artículos que he escrito en los últimos meses (la mayoría ubicados en la sección Nuevos tiempos, nuevas oportunidades) y cuatro de mis ponencias más recientes (2018-2019), que –salvo Educación y capital cultural– dan vida a la última sección, titulada El papel de la filosofía y las humanidades.

En todos los casos, el campo educativo ocupa el lugar central, presentándose íntimamente ligado al campo de la cultura, la política y la ética, atravesando de un modo u otro los diversos enfoques que el libro presenta. Y es el espíritu del ensayo el que lo enmarca, el que traza la narrativa general, anclada en buena medida en la mirada filosófica, desde una perspectiva que recorre el pasado y el presente para proyectar los desafíos de la enseñanza de cara a la construcción del futuro.

Hay variaciones de estilo, en algunos casos por la inevitable diferencia entre la escritura y la oralidad, y en otros por ir desde un mayor acercamiento al formato de la redacción académica hasta la impronta propia de artículos breves de divulgación general, pero, ciertamente, el cuerpo de desarrollo está atravesado por una serie de textos finalmente conexos entre sí. Cada texto, titulado y claramente distinguido, representa una instancia independiente que cobra su principal sentido en la dimensión colectiva. El encadenamiento de ideas y enfoques debe, pues, apreciarse en su conjunto. Hay un sentido que circula inequívocamente y las piezas se van engarzando no por azar, sino por la propia necesidad de la argumentación. Discurren los textos, entonces, como bisagras, como conectores que van vertebrando el discurso, dándole una coherencia definida al ensayo (así, en singular, y desde las pluralidades que le conforman).

El recorrido inicia con la sección Cultura y Educación, donde, a partir de los dos textos que la conforman, se coloca en escena uno de los principales desafíos que tenemos, el del relativismo cultural y el déficit de capital cultural. Este punto es clave para comprender el debate de ideas que tenemos por dar en lo inmediato y que condicionan el quehacer educativo.

Enmarcada desde allí la particular importancia de la educación (puesta en relación junto a otros actores y lugares claves) paso a reflexionar sobre el papel de la formación docente. El texto «La escuela como espacio de resistencia» es uno de los dos ensayos breves que forman parte de este tramo y que tiene, a diferencia del resto de las piezas, una larga data. Colocarlo aquí es reivindicar el sentido primario que entiendo debe oficiar como brújula en nuestra tarea docente, como pilar constitutivo del rol del educador, más allá de los matices discursivos que incluso podría esbozar actualmente al respecto. Ahí está la matriz de mi pensamiento educativo, un punto de partida para un devenir que el propio pasar de los textos logra explicitar. Los principios éticos de mi postura están presentes desde ese origen y me resulta clave marcar el principio fundante de mi trayectoria intelectual en relación al sentido de educar.

Le continúa el otro texto que tiene las mismas características de haber sido escrito hace relativamente un buen tiempo atrás y representar una referencia central en mi visión educativa, «La formación docente en debate: una mirada desde nuestra historia». Su importancia –y su vigencia– me resulta aún más precisa que la del momento en que fue escrito. Implica una continuación del debate respecto de la formación docente, asunto propedéutico para concebir cualquier posible teoría de la resistencia y la trasformación. De allí que estos dos textos se articulen. La peculiaridad de este segundo texto es que aterriza directamente en la realidad uruguaya, colocando en escena un «debate» crucial que todavía nos condiciona, el protagonizado entre Vaz Ferreira y Antonio Grompone.

En ambos textos, por cierto, hay una mirada temporal desde atrás y hacia adelante. Reflexionar sobre el pasado para sopesar el presente y plantear un mejor rumbo de futuro. Y ese mejor futuro posible tiene que ver con atender el problema de Desigualdad y exclusión (tercera sección del libro) que nos estalla frente a los ojos y condiciona nuestro presente y provenir. Este es un problema que nos convoca, que requiere de todo nuestro esfuerzo, de todas nuestras capacidades de encontrar consensos y generar políticas educativas que den una respuesta más satisfactoria que las que hemos tenido hasta el momento.
Justamente, el salto enlazado es hacia una secuencia de artículos en donde aterrizo sobre la nueva etapa educativa que se ha abierto en nuestro país, reivindicando ejes rectores que deberían estar más allá de los vaivenes de los resultados electorales, a la par que examino aspectos de una coyuntura que abre puertas de posibles cambios positivos.

Así, los textos titulados Los desafíos educativos del nuevo gobierno; ¿Para qué educar en el ciclo básico?; ¿Es posible construir consensos para un Plan Nacional de Educación?; ¿Qué políticas educativas debemos priorizar?; Educar, un asunto de todos (o el síntoma del tapabocas) y Los gobiernos pasan, la cultura queda, conforman una zona articulada de reflexión sobre nuestra actual realidad educativa uruguaya, sobre los principales desafíos que tenemos en materia de enseñanza.

Estos cambios deseables aparecen relacionados con el papel que juegan las humanidades y, en particular, la filosofía. Por este motivo, el tramo final está compuesto por algunas de mis ponencias más recientes, en donde aflora el papel educativo central en íntima ligazón con la tarea filosófica, particularmente clave en este siglo XXI matrizado por vertiginosos cambios sociales y tecnológicos, que requieren vitalmente de la crítica filosófica. «Desafíos intelectuales del siglo XXI», «El rol de la Filosofía en tiempos digitales» y «La inutilidad de la Filosofía» conforman un entramado de tres ponencias en donde emergen nuevamente mis principales puntos de reflexión sobre el sentido del educar, colocando la teoría en relación a las experiencias que la práctica docente me ha generado y explicitando mayormente la importancia que tiene la filosofía en ese camino de la construcción permanente de un mejor futuro.

Espero que el libro resulte una lectura que los invite a seguir pensando sobre los temas propuestos y que, sobre todo, los anime a formar parte del diálogo y debate público que estos temas necesitan. Sigamos pensando juntos.

3 COMENTARIOS

  1. Lo he leído y releído. Lo compré apenas salió y ya lo estoy utilizando en mis cursos. Es un aporte estupendo, que combina profundidad y comunicabilidad a la vez, recogiendo experiencias de aula y otorgando un excelente marco teórico de referencia, como para seguir reflexionando. No había nada en nuestro medio escrito sobre educación con estas características. Es una obra imprescindible para profesores, estudiantes y encargados de las políticas educativas. Felicitaciones al Prof Romero García

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